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Posted by on May 22, 2013 in Sin categoría | 0 comments

Las Lagunillas, un lugar donde la realidad y la fantasía habitan juntas

Las Lagunillas, un lugar donde la realidad y la fantasía habitan juntas

Como os prometimos la semana pasada, os dejamos con la motivación que encontró Mary Nelux para escribir su bonita historia sobre nuestra tierra. Hoy no escribiremos nosotros, lo hará una grandísima escritora, solo nos queda decid Disfrutad de esta conversación con la escritora donde descubriréis muchas cosas…

Palabras de la autora del Misterio de la Tiñosa

Me llamo Mary Nelux, soy la autora de la novela El misterio de la Tiñosa. Tengo la necesidad de expresar a través de estas sencillas palabras qué fue lo que me motivó a escribirla y por qué elegí Las lagunillas como entorno físico de la misma.

Pues bien, soy profesora de la Universidad de Almería y mi perfil investigador y mi pasión es el patrimonio inmaterial, el trabajo de campo recolectando por los pueblos cuentos, relatos, canciones, etc. heredados y transmitidos oralmente de generación en generación. Hace algunos años, justamente nada más comenzar mis clases de lengua y literatura en la Facultad de Ciencias de la Educación de la universidad almeriense, conocí a un joven alto, guapo, moreno, de rostro noble y de alma honesta. Su bondad de corazón, además de su belleza, me enamoró perdidamente. Resulto ser natural de Priego de Córdoba, un pueblo que solamente conocía de nombre. Me invitó a visitarlo y realmente, aquel entorno donde él vio por vez primera la luz, hizo que el amor creciera más aún entre nosotros.

Un día él me llevó a una de las pedanías de Priego, llamada Las Lagunillas. En el trayecto que va desde Priego a la aldea, mi alma se fue poco a poco transformando. El camino rodeado de olivos llenos de silencio invadió mi espíritu de sensaciones bellas y armoniosas. Después, a través del cristal del coche  vi, inesperadamente, la inmensidad de una altísima roca oscura, que resultó ser la montaña llamada la Tiñosa. ¡Increíble aquel espectáculo! ¡Magnifico y dulcemente aterrador! Bajé la ventanilla para verla mejor. Allí estaba, acechante, a lo lejos, y tremendamente seductora cuanto más nos acercábamos a ella. Respiré profundamente y le pedí a Ismael que  pusiera la música para acompañar el paisaje. Enya sonaba con todo el encanto y la espiritualidad de su voz. Pero tengo que confesar que no hacían falta melodías para entrar en éxtasis, en puro enamoramiento, porque el camino que llevaba a Las Lagunillas y a ella, la Tiñosa, era y es una canción de amor. Y yo deseaba encontrarme con la plenitud de su voz, y para eso tenía que llegar a Las Lagunillas, para comprender las palabras que acompañaban al bello, bellísimo sonido del canto.

En algunos instantes tengo que decir que  la montaña negra, al menos a mí, me mostró su lado más ingenuo y aniñado: a veces jugaba a esconderse o camuflarse entre las sierras y los valles que rodean a este macizo subbético andaluz al que le da las manos para no estar sola.

De esta manera, fue creciendo el misterio por lo desconocido a través de aquella invitación que la Tiñosa, emperatriz de Las Lagunillas, me estaba haciendo.

Al llegar a la aldea sentí con más intensidad las notas musicales  a través de sus calles tremendamente sosegadas y de sus lustrosas casas con ornamentación sencilla. Y encontré una pequeña iglesia cerrada y me quedé con ganas de verla, aunque posteriormente, en un segundo viaje, conseguí encontrar a la mujer que custodiaba las llaves y pude descubrir el secreto más insospechable que me pude imaginar y que además es uno de los enigmas que encierra la novela de El Misterio de la Tiñosa.

En la plazoleta que rodeaba a la iglesia había una techumbre que guardaba la llama de un fuego ardiente, nacido de los troncos de encinas y olivos viejos y por eso sabios, que me impresionó tremendamente. Nos acercamos y pusimos nuestras manos cerca de la lumbre. El calor de aquella hoguera de todos y para todos, me habló del espíritu de los habitantes de aquel lugar, me habló de fraternidad, solidaridad, vecindad, amistad, amor. Ellos y ellas son así… Puede que al principio, hasta que no sepan quién eres, no te ofrezcan su casa (tiene su lógica, porque ellos saben que el mundo exterior no es como su mundo especial), pero una vez que simplemente te comunicas con ellos, te dan realmente todo ese fuego y toda la pasión, enmascarada de prudencia, que encierran en su corazón y que simbolizan, como si se tratara de un ritual antiguo, en la hoguera encendida. Yo he llegado a pensar que también la avivan para mostrarle su respeto, o a lo mejor su miedo, a la Tiñosa, puede ser, todo puede ser…

Paseando conocimos a Rafi y a Tomás, dos hermanos, vecinos de Las Lagunillas. Hicimos amistad e improvisadamente nos invitaron a sentarnos junto al brasero de su casa. Y al calor del hornillo de leña escuchamos su voz y esta, entendí, era la letra que le faltaba a la canción de amor de la Tiñosa. Sus palabras hablaron de la leyenda de La encantada de los siete pozos.

Yo subí meses después a Los siete pozos, que está a los pies de la Tiñosa y os puedo decir que la vi, a ella, a la mujer que pena entre la vida y la muerte. Lloré junto a ella, tiré la piedra como dice la leyenda… Antes de comenzar a escribir la novela, rescaté del pasado un poema, que nunca había sabido por qué lo había escrito y que forma parte de El misterio de la Tiñosa: la encantada me dio la respuesta. Dice así:

 

Ojos negros que miráis al río,

ojos negros y de vidrio,

que reflejáis la pena negra,

negra del olvido,

dejad que el agua y el viento

se la lleven dentro, muy dentro,

como el rasgueo del laúd cantor

que llora el sentimiento.

 

El grito y la pena corre corriendo

para que a tus oídos no llegue,

para que tu sangre no arda,

pena que se esconde

en el silencio de la tarde

y va desde el valle hasta el monte.

 

¡Oh tierras cordobesas,

no creáis que cuando río,

estoy contenta,

no creáis que cuando

callo, estoy penando!

Mi alma, negra y de luto,

se escapó una noche,

noche negra y de luto,

cuando mi amor pasaba

junto a aquel dorado arbusto.

¿Qué más puedo deciros? Pues que así fue cómo el relato me escribió a mi misma, así fue cómo la leyenda me llevó a aquel paraíso perdido para novelar o recrear la voz del pasado guardada en su memoria por los herederos del presente.

Para terminar, quiero confesaros algún secreto. En Las Lagunillas, esta preciosa aldea de Priego de Córdoba, la realidad y la fantasía habitan juntas; allí he dejado parte de mi alma; y aunque no viva en Las Lagunillas, desde aquel mágico e inolvidable día, siempre que cierro mis ojos siento su fuego, siento su canción y vivo su presencia  impresa en una misma “historia”, la de ella, la encantada de Los siete pozos y la Tiñosa…,¡porque yo también estoy encantada!

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